Hacia 1555 los habitantes de Santiago
buscaban la mejor manera de adaptarse al medio y conformar sus hogares.
Mucho tuvo que ver Aguirre en la
composición de las primeras familias al traer desde Chile a hijas y viudas de
hidalgos, oficiales y soldados muertos por los aracucanos, en su mayoría ex
cautivas de éstos, las que rehicieron sus vidas en la capital del Tucumán,
contrayendo matrimonio y dándole a Santiago del Estero sus primeros hijos
criollos. La cantidad de matrimonios legítimos establecidos entonces, entra en
el terreno de la suposición. Como también el número de españoles, sin
distinción de rango, que convivían con indias (juríes, o coyas y araucanas
venidas con ellos) y hacían legitimar a sus herederos mestizos. ¿A esa altura,
cuántos niños habría en Santiago del Estero? ¿Vivirían allí algunos nacidos en
la anterior ciudad del Barco? ¿De haber sido así, cómo interpretaría la
historia el hecho de la existencia de ciudadanos de una primera ciudad
desplazada como tal? Interesante interrogante para pensar.
En tanto, de España (vía Chile y Perú
desde Panamá), irían llegando las esposas y los hijos de los conquistadores. La
ciudad acogía a nuevos pobladores, muchos de los cuales dejarían grabados sus
nombres y sus obras en la historia de Santiago.
Así comenzaba nuestra la ciudad. Así
fueron los rasgos de su vida cotidiana hace cuatro siglos y medio. Ese fue el
lado de las costumbres de quienes protagonizaron la magna empresa fundacional,
con sus luchas, glorias y dramas. Indudablemente, es mucho más lo que importa
esa historia inaugural de Santiago, donde confluían la América naciente que se
extendía a paso firme hacia el sur del continente, y el germen de la Patria con las ciudades que
surgían de su seno. Entre sus grandes aportes, valga tener presente que el
puerto de Buenos Aires fue consecuencia del comercio que se inició desde la
capital del Tucumán, y que sería el primer obispo de esta primera diócesis,
fray Francisco de Victoria, el artífice de la primera exportación con productos
santiagueños que se hiciera vía fluvial al Brasil, un 2 de septiembre de
1587(de ahí el Día de la
Industria Nacional ).
Santiago del Estero marcó importantes
hechos desde los albores de su nacimiento. Hombres y mujeres de singulares
cualidades fueron haciendo la trama de esta ciudad donde todo comenzó en
nuestro país. Conquistadores que “abrían puertas a la tierra” y mujeres
pobladoras que como tales fueron madres de la “madre de ciudades”.
Por el servicio y la entrega que en
la alta empresa fundadora ameritaron aquellos protagonistas, el 19 de febrero
de 1577, el rey Felipe II hacía merced al disponer el título y escudo de armas
para la “Muy Noble” ciudad de Santiago del Estero.
Desde los días de la primera
“entrada” del malogrado capitán don Diego de Rojas, en cuya expedición se
destacaran abnegadas y valientes mujeres como Catalina de Enciso, Mari López y
Leonor de Guzmán, las que llegaron a empuñar espadas y rodeles para defenderse
del bravío agresor, como tantas otras que ennoblecieron el lado humano de este
suelo, la presencia y el protagonismo femenino en Santiago del Estero, que tan
estupendamente lo describe Fina Moreno Saravia en su interesante y atrapante
“Historia de Mujeres”, es otra faceta que distingue las virtudes que desde el
fondo de la historia fueron capaces de exhibir quienes jalonaron con dignidad y
proeza las distintas particularidades con las que están hechos el cuerpo y el
alma de Santiago del Estero.
Santiago es todo esto: Tierra que
canta y danza. Primera vía de comunicación entre el resto de América y
Argentina. Madre de cuya matriz nacieron las primeras ciudades de la Patria. Génesis de
evangelización y fundadora de Iglesias. Primera educadora y exportadora de
manufacturas. País de la leyenda y cuna del folclore. Provincia que lo dio todo
y le sigue abriendo sus brazos a la
Patria.
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